LOOK, FEEL, COLLECT

The act of collecting begins with the gaze, with that gesture capable of discovering qualities in what passes before our eyes. To look is to look deeper, to pay attention, to wonder about what one sees. This reflective exercise, which implies a choice and hides an attraction, is followed by the desire to possess what we admire. However, the appropriation of the desired object does not necessarily have to translate into the actual acquisition of it, we can silence the yearning to belong in a more modest way: collecting images, notes or simply memories that help us to make up an idea of how we are. So, in some way and at different levels, we can all consider ourselves collectors. 

 

Each component of a personal selection shows a small part of the person's identity and reveals information of a specific moment in his or her life; on the other hand, the set of pieces is configured as a true creation, a cosmogony of the personality and trajectory of the individual. If we consider these first observations, it could be said that there are practices that contain the essence of collecting in themselves. The artist, for example, generates his own repertoire of works in which he hopes to see himself reflected, expressing aesthetically and conceptually fragments of his person and his way of seeing the world. However, to complete his task, the creation has to become a mirror in which others can also recognize themselves, especially the art collector. The figure we understand as a collector properly speaking is the one who suffers from the irrepressible desire to possess the work of art. 

 

Behind this need to belong are various motivations, some of which collector Adam Lindemann highlights when he says: "What is exciting is the opportunity to enjoy the work on a daily basis, the egomaniacal gloating of possession and, perhaps most importantly, the act of choosing and acquiring, of making a personal aesthetic decision that defines your own individuality and personality in the entire context of art history". Although the quintessential quality of the pure collector is passion, we cannot forget a second attribute that gives us the keys to a broader characterization: his intuition. When he buys a work of art, he does it not only for aesthetic or emotional pleasure, the good collector analyzes and questions if he is really acquiring a quality piece and if its author has projection. In other words, he also seeks confirmation of his audacity on the part of the public, the recognition of having discovered a new talent. 

 

The collector makes moves driven by instinct and takes risks in his decisions, however, these rest on a solid base of knowledge, updated information and experience in the art market. An exemplary patron must have a sense of responsibility for their acquisition and their artists, ensuring that they will be respected. 

 

The exhibition "Looking, feeling, collecting" brings together three authors, Joaquim Paiva, Miguel Soler-Roig and Toni Catany, who have built their vision of the world through their own gaze and that of others, who have chosen to recognize and be recognized. They are artists and collectors.

MIRAR, SENTIR, COLECCIONAR

El acto de coleccionar comienza con la mirada, con ese gesto capaz de descubrir cualidades en aquello que pasa por delante de nuestros ojos. Mirar es profundizar, prestar atención, preguntarse acerca de lo que se ve. A este ejercicio reflexivo, que implica una elección y esconde una atracción, le sigue el deseo de poseer aquello que admiramos. Sin embargo, la apropiación del objeto deseado no necesariamente tiene que traducirse en la adquisición real del mismo, podemos acallar el anhelo de pertenencia de una forma más modesta: recolectando imágenes, notas o simplemente recuerdos que nos ayudan a confeccionar una idea de cómo somos. Por eso, de alguna manera y a diferentes niveles, todos podemos considerarnos coleccionistas. 

Cada componente de una selección personal muestra una pequeña parte de la identidad de la persona y revela información de un momento concreto en su vida; por otro lado, el conjunto de las piezas se configura como una auténtica creación, una cosmogonía de la personalidad y la trayectoria del individuo. Si atendemos a estas primeras observaciones, podría decirse que hay prácticas que encierran la esencia del coleccionismo en sí mismas. El artista, por ejemplo, genera su propio repertorio de obras donde espera verse reflejad en ellas expresa estética y conceptualmente fragmentos sobre su persona y su forma de ver el mundo. Sin embargo, para completar su cometido, la creación tiene que convertirse en un espejo en el que también puedan reconocerse los demás, especialmente el coleccionista de arte. La figura que entendemos como coleccionista propiamente dicho es aquel que sufre el deseo irrefrenable de poseer la obra de arte. 

Detrás de esta necesidad de pertenencia hay diversas motivaciones, algunas de las cuales pone de manifiesto el coleccionista Adam Lindemann cuando dice: “Lo emocionante es la oportunidad de disfrutar diariamente de la obra, el regodeo ególatra de la posesión y, quizá lo más importante, el acto de elegir y adquirir, de tomar una decisión estética personal que define tu propia individualidad y personalidad en el contexto entero de la Historia del arte”. Aunque la cualidad por excelencia del coleccionista puro es la pasión, no podemos olvidar un segundo atributo que nos da las claves para una caracterización más amplia: su intuición. Cuando compra una obra de arte no solo lo hace por placer estético o emocional, el buen coleccionista analiza y cuestiona si verdaderamente está adquiriendo una pieza de calidad y si su autor tiene proyección. Es decir, él también busca la confirmación de su audacia por parte del públic el reconocimiento de haber descubierto un nuevo talento. 

El coleccionista realiza movimientos impulsados por el instinto y arriesga en sus decisiones, sin embargo, estas descansan en una base sólida de conocimientos, información actualizada y experiencia en el mercado del arte. Un mecenas ejemplar tiene que tener sentido de responsabilidad sobre su adquisición y sus artistas, asegurar que serán respetados. 

La exposición “Mirar, sentir, coleccionar” reúne a tres autores, Joaquim Paiva, Miguel Soler-Roig y Toni Catany, que han construido su visión del mundo a través de su propia mirada y de la de los demás, que han optado por reconocer y ser reconocidos. Son artistas y coleccionistas.