Frontiers without Limits

Frontiers without Limits

The photographic medium has always been on the forefront of investigating political phenomena, recording moments of change, and questioning cultural identity. National borders are drawn as results of political, military or historical reasons, and are therefore arbitrary, flexible, and vulnerable. Unless, of course, if they correspond, which is often the case, to natural borders. Only the great sea, a mountain chain or an impenetrable desert can limit us from questioning why this or that piece of land should belong to this or that country.
 
And still: Borders are there to be crossed, just as rules are made by their exceptions. The Jewish, the African and the Irish Diaspora are examples for massive displacements of historical dimensions, for the adaptation of old traditions into a new cultural context, and for a longing to get back to the roots, to return to the homeland. Of course, the same mechanisms are at work today, mechanisms to pull in workforces at one moment and to keep unwanted migrant workers out at another, mechanisms to separate political from economic asylum seekers, mechanisms to fence in nomadic societies or fence out illegal immigration. It is particularly significant in this context that the recent efforts to close national frontiers within the European Union were made in order to stop non-communitarian migrants to move freely within Europe. While one historical iron curtain has fallen, other fences are reinforced, or even newly erected, always with the same underlying aim: to stop people from moving from east to west, from south to north, from outside to inside, or vice versa.
 
After all, crossing borders is not only moving from one place to another, it is also a process of losing, rebuilding, defending and questioning one’s own cultural identity. One’s limits and limitation, if you wish.
 

 

Moritz Neumüller
Independent Curator

Fronteras sin Límites

De hecho todo en la vida es una frontera sin límites: Un continuo atravesar lugares, situaciones, sueños, hechos y un sinfín de llanuras que auguran promesas, cambios de vida, y prosperidades infalibles. Sobre todo las fronteras que ofrece el mar por su extensión inmensa.  
 
Nada parece interponerse a la fuga de un lugar sin porvenir. La miseria y la desolación a veces obligan a vencer riesgos que podrían conducir a una prosperidad precaria.
 
Desde Africa las travesías se realizan en pateras. En otros lugares del Caribe son los balseros los que huyen hacia una nueva vida, sin tener en cuenta el riesgo de una inminente muerte. Con peores condiciones de viaje inician el exodo los inmigrantes de origen mexicano que intentan llegar a los Estados Unidos, se denominan “Wet Backs” , es decir Espaldas Mojadas. Dicho de otro modo: cruzan la frontera a nado.
 
Las ilusiones (avaladas por la codicia de los que facilitan esas huidas clandestinas), casi nunca consiguen lo que se les había prometido y acaban devorados por la muerte.
 
En realidad son muchos los entornos humanos que pueden ser fronteras fictícias; cuando los límites se borran en nuestras conciencias.
 
Basta con analizar los sucesos del día a día, para comprobar que las fronteras abiertas si no respetan la ética, acaban hundidas en el mar invisible de la vida.
 
La placidez del mundo no consiste sólo en dejarse llevar por el afán de salir de un pozo con la esperanza de encontrar llanuras.
 
El mundo puede ser un lugar plácido evitando desesperaciones sin necesidad de ofrecer pateras asesinas para engrosar bolsillos a costa de mentiras que llevan a la muerte.
 
La existencia sería un verdadero caos sin las defensas de los límites. Es decir: Sin ética.
 
Aunque puedan ser incómodas y a veces difíciles, sin ellas cabe que el mundo llegue a convertirse en un doloroso avance de un caos total.
 
Los límites son necesarios. Hasta los lagos y los ríos, los precisan, porque sin ellos no serían ni lagos ni ríos. Serían inundaciones mortales.


 
Mercedes Salisachs

Miguel Soler-Roig
visual artist